El Programa Maestros Comunitarios cumple 15 años y continúa persiguiendo sus objetivos de restituir el deseo de aprender de todos los niños y niñas, proteger las trayectorias estudiantiles y fortalecer el vínculo entre la escuela, familia y comunidad. En este año de pandemia, el maestro comunitario ha sido un actor fundamental para lograr que ningún niño se desvincule de la escuela y tender puentes con los hogares más golpeados por la crisis económica.

El Programa Maestros Comunitarios (PMC) nace en el 2005 pensando en construir nuevas formas de hacer escuela en aquellos territorios de mayor vulnerabilidad. 15 años después, el PMC continúa persiguiendo sus dos grandes objetivos: restituir el deseo de aprender de todos los niños y reconstruir el vínculo entre la escuela, familia y comunidad.

“Los 15 de años del PMC en realidad dan cuenta de una respuesta educativa de la escuela pública a una situación de mucha complejidad a nivel de las comunidades escolares y de los niños en términos de la integración a la escuela, de los aprendizajes, de poder sostener la escuela en una crisis muy importante”, sostuvo el consejero Pablo Caggiani sobre los orígenes del PMC luego de la crisis económica del 2002. En ese sentido, el programa recogió “las buenas prácticas, desde la época de las misiones socio-pedagógicas para acá” y fue un actor clave en la reconstrucción del vínculo entre la escuela y su comunidad; “recordemos que la escuela era la única oficina pública del Estado que había en ese momento en todas las comunidades. La matriz de política pública que conocimos después con equipos de territorio y otros actores sociales es muy posterior”.

Caggiani recordó además que el de Maestros Comunitarios es un programa que ha tenido evaluaciones externas y varias “sinergias” con ámbitos académicos, entre ellos la Universidad de la República (Udelar). En concreto, la Facultad de Ciencias Sociales y la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación han acompañado desde el punto de vista del asesoramiento técnico, la intervención en territorio y la producción de información sobre políticas educativas.

Hoy el maestro comunitario “es una es una figura que se ha consolidado”, agrega Caggiani y las comunidades cuentan con ellos: “todo el barrio sabe quien es la maestra comunitaria, es un actor clave en la construcción de redes pero a su vez en la articulación de acceso y permanencia a otras políticas sociales o públicas” , agrega el consejero en relación a la coordinación con las policlínicas barriales, el MIDES, Identificación Civil, entre otros. “Es un actor de construcción de derechos que va mucho más allá de la intervención pedagógica concreta con los niños. Y de hecho todas las experiencias que hay a lo largo y ancho del país dan cuenta de que se han transformado en un rol clave en la construcción de comunidades mejores”, resume.

Hay dos elementos centrales que dan cuenta de la importancia del PMC, agrega Caggiani. Uno de ellos es que “tanto jardines de infantes como escuelas piden tener maestros comunitarios”; “hay una convicción o una valoración de su accionar que hace que -tanto a nivel de las asambleas técnico docentes, como desde los planteos sindicales o las salas docentes-, se pidan estas figuras en aquellas escuelas que no las tienen. Eso habla de cuál es el lugar de este programa en la escuela pública hoy”. En segundo lugar, el maestro comunitario "es un maestro que resigna salario, porque la función de PMC es una función que está anualizada pero que nunca tiene una fecha de comienzo fija al año siguiente; siempre hay unos días de marzo en los que los estos maestros no están ejerciendo como comunitarios, si bien ya están trabajando como maestros. Ese es un detalle no menor".

Cada año participan en este programa un promedio de 15.000 niños y niñas, en su mayoría de escuelas APRENDER. Actualmente trabajan en el PMC 533 maestros comunitarios, distribuidos en 301 escuelas.

Un papel fundamental en este año de pandemia

“Los maestros comunitarios han sido un actor fundamental en esto de lograr que ningún niño se desvincule de la escuela en el marco del Covid-19”, resumió Caggiani. Estos docentes empezaron a trabajar el 1 de abril con el primer mandato de ubicar a todos aquellos niños que no estaban teniendo actividades escolares en ninguna de las múltiples modalidades (plataformas virtuales, Whatsapp, retiro de bandejas en las escuelas, etc). Allí lo que se hizo fue llamarlos uno a uno, ir a buscarlos a sus casas, volver a vincularlos.

Lo otro que se hizo desde el primer momento y junto al programa Escuelas Disfrutables del CEIP fue “activar todas las antenas hacia donde hubiera vulneración de derechos o situaciones de violencia, sobre todo aquellas situaciones que ya estaban identificadas de antemano”, resumió el consejero. Esto implicó “el seguimiento de los niños, ir a las casas a llevar materiales o con cualquier otra excusa... hay mucha estrategia de trabajo que en definitiva preservó a los niños en un momento muy complejo, no sólo porque estaba la escuela cerrada sino porque había toda otra serie de derechos afectados” que se intensificó con la convivencia dentro de los hogares.

Además, “la respuesta institucional a la pandemia implicó que en ese momento se cerraran las policlínicas de la RAP de ASSE, los municipios, las intendencias, se retiraron los equipos de territorio del MIDES y quedó la escuela sola en una comunidad que atravesaba el impacto de la crisis económica y la angustia de cómo parar la olla. Volvió a ser la escuela el único espacio que tenía las puertas abiertas”, concluyó el consejero.

“Cuando uno habla con los maestros comunitarios se observa la sencillez con la que ellos expresan todo lo que han venido trabajando con los niños -y las familias- para poder revincularlos al quehacer diario de la institución. Esa sencillez demuestra todo el compromiso social y educativo que han venido acumulando durante estos 15 años de experiencia”, agregó por su parte Ana Celia Le Pera, coordinadora del PMC, quien además coincidió en laimportancia del programa en “estos tiempos de crisis sanitaria en donde la escuela quedó sola en el territorio”.

“Emociona ver ese trabajo y como ellos te lo hacen sentir tan simple; salieron a territorio a buscar a cada uno de los niños, han conversado con las familias, han tendido puentes y no sólo desde la virtualidad -que han trabajado muchísimo- sino que han atendido a la integralidad de la familia buscando ollas populares, elaborando ‘canastas pedagógicas’, donde realmente se sigue con el mismo espíritu de superar una realidad adversa como en el 2005”.

“A lo largo de estos años se han ido alcanzado mayores oportunidades para el fortalecimiento de las trayectorias estudiantiles y el involucramiento de las familias en todos los rincones del país”, sostuvo Le Pera sobre estos 15 años del programa y concluyó: “eso quiere decir que estamos transitando hacia una escuela más comunitaria, más abierta y más comunicada con las familias”.